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MI CAMINO A LA MATERNIDAD (Capítulo 6)

LA SIGUIENTE ECOGRAFÍA

Pues bien, los días fueron pasando y por suerte no tuve ningún sangrado ni nada. Lo llevaba muy bien, la verdad. Sólo me notaba un poco revuelta por las mañanas, eso sí, con ganas de vomitar y mareo, pero nada más.

Llegamos a la semana 10 y tenía otra vez ecografía, ya era la última del centro de R.A. y la próxima sería la de las 12 semanas, en el hospital.

Esta vez fue mi padre el que me acompañó, no es algo normal en él, pero ese día coincidió así, porque nadie más podía.

Así que allí estábamos los dos, nerviosos y con ganas de entrar. La verdad que se hacen eternas las esperas para entrar a consulta. Y cuando nos llamaron, dimos un bote de los asientos jiji y entramos rápido.

Allí, como siempre, me preguntaron cómo iba todo y los típicos datos que tienen que rellenar. Y me dijeron que pasara a la camilla para hacerme la eco.

Mi padre, como es tan tímido para todas esas cosas, se quedó sentado sin moverse, hasta que le dije al médico si él podía ver también al bebé. El médico me dijo que por supuesto y entonces mi padre se acercó.

No os podéis imaginar, la cara de sorpresa de mi padre, cuando apareció el bebé en la pantalla y se veía perfectamente que ya tenía sus brazitos y sus piernas. Además, no paraba de moverse y se veía su corazón latir.

Mi padre alucinó claro, jamás había visto una ecografía y no se pensaba que vería eso. Creía que no podría distinguirse nada ahí, pero al verlo tan claro se quedó asombrado y ahí, si que se emocionó por primera vez viendo a su primer niet@.

Bueno, el doctor nos dijo que todo estaba perfecto y nos dio el alta ya, para que me siguieran de forma normal en el hospital, como a cualquier embarazada.

Yo no podía creerme que por fin, ya no volvería a ese sitio, que ya iba a ser una embarazada más, que iría a mis revisiones y ecografías en el hospital, como las demás embarazadas y que se terminaban los tratamientos por fin.

Había conseguido mi sueño, ya era una realidad y salí de allí contentísima y muy agradecida, por todo lo que habían hecho por mi. Y les dije, que en cuanto diera a luz, volvería para mostrarles a mi bebé.

Fuimos todo el camino de vuelta, hablando mi padre y yo, emocionados de haber visto cómo se movía y lo que había crecido desde la última ecografía. Parecía mentira, en dos semanas le habían crecido los brazos y las piernas y los movía sin parar. De verdad, que la naturaleza es pura magia.

Ahora sí, mi padre comenzó a tener ilusión, a creerse que de verdad iba a ser abuelo, que todo iba bien y seguía estando ahí dentro.

Cuando llegamos a casa, entusiasmada se lo conté a mi madre y le mostré la eco. Ella también se sorprendió de ver el cambio tan grande, ya que cuando ella estuvo sólo se apreciaban los bultos a los lados y no se movía aún.

Así que se ilusionó más de ver que todo llevaba buen camino, que yo estaba bien y el bebé también. Y mi padre le decía, que era impresionante cómo se veía de bien, que como nunca había visto una eco no se esperaba eso y le sorprendió muchísimo. Jajaja, parecía un niño.

Pues así, fueron pasando los días, entre el trabajo, el sueño que tenía jaja, que me quedaba dormida casi andando, los mareos y ganas de vomitar, pero sin llegar a vomitar, hasta que llegó la semana 12.

Esta vez la eco era en el hospital, estaba justo al lado del centro de R.A. y eso me hacía sentir rara. Pasar por allí delante y no entrar, dirigirme a otra puerta diferente, no sé, era todo muy extraño. Pero me encantaba esa sensación, porque era como estar en una nube, como pertenecer a otro mundo ya.

Sólo quien ha pasado por el mundo de la R.A., puede entender lo que estoy diciendo. Cuando tienes un embarazo deseado, que consigues por tus propios medios, no tienes esa sensación, lo sé por experiencia. Pero al haber esperado tanto tiempo y haber pasado por tantos tratamientos, anulaciones, decepciones e incluso abortos, es una sensación indescriptible la que se siente cuando te despides de todo ese mundo.

Llegamos a la sala de espera y allí nos sentamos, rodeada de otras embarazadas, a las que miraba con curiosidad porque cada una estaba de un tiempo diferente. Y además, no sé si esto sólo me ha pasado a mi, pero me generaba curiosidad saber cómo se habían quedado embarazadas, si les había costado, si había sido deseado o no, si habían vivido lo mismo que yo.

No sé, creo que es lo que decía, que al pasar por esto, tienes otra percepción y otros pensamientos y curiosidades diferentes. Esto es algo que nunca había compartido, así que no sé si alguna se sentirá identificada o es que yo soy muy rara jaja.

Nos llamaron y allí que entramos mi madre y yo, porque esta vez de nuevo me acompañó ella. Me hicieron mil preguntas para rellenar todos los datos, ya que era la primera consulta con ellos y a mi se me hacía eterno, porque lo que quería era ver ya a mi bebé y sobretodo, escuchar su corazón, que todavía no lo habíamos escuchado nunca.

Así que contestaba las preguntas lo más rápido posible y sin enrollarme. Cuando por fin terminó, me dijo que me pasara a la camilla y allí fui rápidamente, esta ansiosa.

Fue alucinante, era la primera eco abdominal, porque todas las otras habían sido vaginales y yo creía que no se vería igual, al tener que pasar a través de la piel y todo eso. Por eso, nos quedamos sorprendidas mi madre y yo, cuando nada más poner el ecógrafo encima de mi barriga salió la imagen perfecta de mi bebé.

¡Madre mía! Se veía entero el cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, así de repente, sin tener que buscar ni mover el ecógrafo, fue impactante verlo así de bien. Cómo se movía, mi madre no se lo podía creer, bueno y yo tampoco la verdad jeje.

De repente, me dijo el doctor «y ahora a escucharle el corazón». Mira, yo no había escuchado nunca en la vida, un sonido más bonito que aquel. Mi madre y yo nos emocionamos y empezamos a llorar, parecía un sueño. Era el corazoncito de mi bebé, estaba latiendo rápido y fuerte, como un caballo de carreras. Fue el momento más bonito que había vivido nunca jamás.

El doctor hizo todas las comprobaciones, estaba todo perfecto, su corazón estaba fuerte y estaba creciendo muy bien. Mi salud también era muy buena, aunque por los antecedentes que le conté y eso, me derivó a la consulta de alto riesgo, para que me llevaran el embarazo más controlado. Y salimos de allí, con todos los papeles preparados para pedir la siguiente cita en alto riesgo.

Cuando íbamos de camino al coche, mi madre y yo aún llorábamos de la emoción de lo que habíamos vivido. Escuchar su corazón por primera vez y verlo tan claro, ya entero y con tanto movimiento jaja. Ese día no se nos borraba la sonrisa.

Como ya habían pasado las primeras y fatídicas 12 semanas, que todo el mundo supone que son las únicas en las que puede morir el bebé, aquello comenzó a hacerse público a lo grande y a relajarse el ambiente de tensión.

Por entonces, yo no era conocedora de todo lo que soy ahora, que los bebés pueden morir en cualquier momento del embarazo, incluso después de nacer. Porque la vida y la muerte van unidas, una vez que existe la vida, ya existe la posibilidad de morir.

Pero como os digo, por entonces yo no estaba en este mundo de los profesionales de la maternidad, así que me relajé y disfruté del momento que estaba viviendo.

Porque, llevaba tres años de mi vida buscando ese sueño y ahora por fin era real, cada vez estaba más cerca de tener a mi bebé en brazos y eso me hacía inmensamente feliz.

 

Continuará en el siguiente capítulo……

 

Si has pasado por esta situación y te sientes identificada, déjame tus comentarios en mis RRSS, me gustará saber qué te parece lo que comparto y que me cuentes tu experiencia. Te leo….

 

 

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